jueves, 28 de febrero de 2013

Jimmy Rip: un norteamericano en Buenos Aires

Años atrás supo ser guitarrista de MIck Jagger y un blusero reconocido en los suburbios de Chicago. Desencantado de la música y la política, en 2009 dejó su vida pasada y mudó sus pertenencias a Buenos Aires, Argentina, donde descubrió una nueva filosofía de vida y reavivó viejas pasiones.

Jimmy Rip mueve su cuerpo como si fuera un forajido. Uno como el que interpretó Clint Eastwood en Unforgiven, un hombre que debe volver a la acción impulsado por fuerzas mayores. Pero esto tampoco significa que, en su exilio, no haya extrañado las viejas andanzas. Jeans y anteojos oscuros, zapatillas Converse, remera de Harley Davidson negra y un sombrero del mismo color con un billete de dos pesos, lo resaltan entre los demás peatones del barrio de Boedo. “¿Para qué será la plata del sombrero?”, pregunta Anabella, la fotógrafa. Él, entre simpático y misterioso, insinúa una respuesta, pero tampoco pretende dejarla del todo clara.

Jimmy vive en Argentina hace tres años, en Las Cañitas, no muy lejos del piso que tiene su amigo Juanse (Sebastián Gutierrez, ex Ratones Paranoícos) en Barrancas de Belgrano. Antes de emigrar hacia América del Sur, el guitarrista habitaba una –según él- casa gigante en Los Ángeles, donde pasaba la mayor parte de su tiempo. Aburrido, encontró la salvación de la mano de un argentino, que lo contactó vía Facebook y le prometió hospedaje, fechas programadas y una banda lista. La jugada le salió bien: encontró un país adicto a The Rolling Stones, al blues y al Rock N’ Roll. Además, retomó el amor por la música y lanzó su segundo disco solista llamado “Jimmy Rip and the Trip”, en el que el estadounidense reunió a los últimos héroes del rock barrial: Andrés Ciro Martínez, Facundo Soto y a los Ratones Paranoícos, en lo que es su última grabación en estudio “Yo también”.

Sin embargo, la vida artística de Rip estuvo caracterizada por las constantes idas y vueltas. Veinte años atrás supo ser el guitarrista y letrista de Mick Jagger en Wandering Spirit, el único disco que el Stone lanzó durante la década del noventa. En 1997, a dos meses de lanzar su primer disco solista “Way past blue”, el sello The house of blues quebró y Jimmy perdió el interés por grabar sus propias canciones. Por esos años también empezó a experimentar los primeros viajes hacia la Argentina.

Jimmy apoya su cuerpo sobre el sillón, y con movimientos delicados toma lo que resta de agua mineral. En comparación a los productores exitosos, o los que al menos creen serlo, asombra ver el tamaño de su celular.

-¿Qué es eso?
Mi viejo Blackberry. Es increíble que aún funcione. Creo que no lo hacen desde hace cinco o seis años. Veo todos los iPhones y Galaxys nuevos que la gente se compra y pienso que son fantásticos pero cuando analizo que valen cuatro mil pesos descarto la idea al instante. Lo uso para revisar mails, hacer llamadas y mandar mensajes. ¿Qué más necesito?

-Prejuzgo que no eras así en los Estados Unidos.
-La única manera en que puedo responderte es que cuando vivía en esos lugares respondía a la última moda. Pero al venir a la Argentina me enseñó mucho acerca de no gastar demasiado. Digamos, Estados Unidos es un lugar en el que se gasta demasiado; tienen tanto que no aprecian lo que en verdad tienen y están muy contentos con tirar las cosas cuando aún se pueden usar. Y eso también se puede aplicar para las personas. No es frecuente ver en Nueva York a un músico exitoso que sea mayor de 30 o 40. Al menos que hayan tenido un éxito cuando eran jóvenes; me sorprendió que en Argentina el buen trato que hay para los músicos de otras épocas como Charly (García) o Juanse (Paranoíco).

-¿Por qué el público no le da la importancia que merece a figuras como Nick Cave, Lou Reed o Bob Dylan?
-No la que merecen. No son tan importantes como Justin Bieber. Y no es que él no sea tan importante: es increíble, es música pop bien hecha, los discos están grabados de una manera excelente y he visto shows con grandes performances, pero tendría que haber un espacio para él y otro para los artistas más viejos. Los Estados Unidos están cubiertos de música pop, hip hop y country, lo que les sigue dando una buena cantidad de dinero a los productores.

-Por ejemplo, Taylor Swift…
-Claro, es gigante. Ella es considerada una artista country cuando en realidad es puramente pop. Hay muy buenos artistas de country. Ellos se llenan de dinero porque su público es mayoritariamente cristiano: son las únicas personas que no bajan canciones gratis de Internet, no piratean. Los cristianos son gente de una moral tan alta que nunca pensarían en piratear o robar siquiera una sola canción. Claro que van a pagar por ello. Entiendo que es la ley que rige por estos tiempos pero odio que descarguen ilegalmente. Personalmente, compro todas las canciones vía iTunes.

-¿Seguís comprando discos físicos?
-No compro porque los paso a la computadora y, ¿qué hago después?  En Los Ángeles tengo un depósito con cuatro mil o cinco mil discos que no voy a volver a usar de vuelta porque ya los tengo todos conmigo todo el tiempo.

-¿Qué fue lo que cambió específicamente tu mente en Argentina?
-Nada en especial. Lo que ocurre es que tengo muchos amigos acá y veo como cuidan sus pertenencias y las hacen durar un montón de tiempo. Aprecio eso y me llena el alma. Claro que hay un porcentaje de personas que siempre tienen lo nuevo; por otro lado, están los que no pueden porque no pueden pagar sus costos tan altos. Las cosas suben y bajan en el país pero es una lección que yo necesitaba aprender y por suerte lo hice.

-Parecés estar al tanto de las noticias del país…
-Claro que sí. Toqué con el vicepresidente (Amado) Boudou…

-¿Dónde?
-En un tributo a Pappo, en Tecnópolis, el año pasado.

-¿Y qué pudiste hablar con él?
-Cosas muy escuetas, acerca de la música en general. Y pasó algo muy gracioso algunos meses después. El mismo fin de semana en el que yo tocaba en Santa Clara del Mar, él estaba en Mar del Plata en una reunión con varios gobernadores del país, y el organizador de mi show lo había invitado. Un día después, cuando un periodista le preguntó si había podido atender todos los asuntos mientras estaba en la costa, lo único que Boudou dijo fue ‘Sí, pero me arrepiento no haber podido ir a ver el show de Jimmy Rip’. Entiendo que sea una figura controversial hoy en día, pero fue un lindo momento tocar la guitarra junto a él. Parece una buena persona.

-¿Estás más cercano a este gobierno o a la oposición?
-No estoy ni cerca de establecer una opinión acerca de eso. Soy un simple visitante, no un ciudadano de este país. Escuché historias de los dos lados, y ambas son muy apasionadas como para poder emitir una opinión sin un valor ético.

-Obama anunció que no va a cerrar la cárcel de Guantánamo. ¿Apoyás a su gobierno?
-No, no lo voté en ninguna de las dos elecciones. En los Estados Unidos no es obligatorio votar y, después de los dos gobiernos de George W. Bush no creo que hubieran elecciones justas. Creí que no votar sería un doble golpe contra la gente mala.

-Perdiste la fe en la política…
-Hace tiempo, al igual que muchos estadounidenses. Creo que no importa demasiado en este tiempo; soy de pensar mucho en que las conspiraciones son reales. Me parece que un presidente no es el que controla el país, sino que hay algo más importante detrás.

-Si aún conservas ese espíritu joven que piensa que se puede cambiar el mundo. ¿De qué manera crees que lo harías?
-Los Aliens del espacio podrían hacerlo.

-Hablemos un poco de tu nuevo disco. “No entiendo, lo siento”, abre tu nueva placa. Una canción electrónica, con tintes funk, muy distante de “Playin Hookey”, un blues clásico. ¿Por qué lo elegiste así?
-Verás, la cosa es compleja. El primer disco lo lancé en 1996 bajo el sello The House of Blues y le iba muy bien en el ambiente especializado. Dos meses después colapsó. Entonces, decepcionado, decidí que iba a volver a Nueva York para conocer a los nuevos músicos y producir a los mejores artistas que encontrara. Pero seguí escribiendo y siempre que tenía un tiempo extra grababa para mí. Diez años después, tenía un montón de canciones y se la mostraba a mis amigos. “Estás loco, ¿por qué no la grabás?”, me decían. Junté fuerzas y elegí las mejores quince para armar una grabación, sólo para mostrar qué andaba haciendo. Nada glamoroso. De repente, en 2008, empecé a venir seguido a la Argentina. En California estaba muy aburrido. Tenía una linda casa en las montañas, en la que pasaba más tiempo del que quería, y una vida social nula: allá, la noche termina a las 2. La gente la sigue en sus casas, pero no es lo mismo. Hasta la llegada de Juliani y Bloomberg (Rudy y Michael, ex y actual Alcalde), en Nueva York había muchos after hours en los que uno se podía quedar hasta la madrugada cualquier día de la semana. Y en Argentina me encontré con un lugar como en los viejos tiempos: locales abiertos hasta tarde, rock n’ roll por todos lados y un público que aprecia el buen blues. Todo esto me motivó nuevamente a volver a tocar. Entonces pensé: ‘¿Por qué no dejar atrás todas esas composiciones viejas?’. Encontré una banda que suena realmente bien y con ella me predispuse a escribir canciones inspiradas por mi experiencia en el país.  Por eso, “No entiendo, lo siento”, es inspirada en estos tres años de vivencia en el país. Mientras que Playin’ Hookey tiene alrededor de quince años, y estaba terminada sin la incorporación de Andrés (Ciro), incluso. Ésa es una de las que me pedía el público.

-También, de esta manera, pareciera que intentás poner como antagonistas a dos estilos diferentes: lo nuevo y lo viejo.
-No exactamente. Me aburre esa decisión de separar la música por categorías. Siempre traté de estar en ninguna. Toqué en el primer disco de Mariah Carey, por ejemplo, y después toqué buen Rock N’ Roll con Mick Jagger. Y luego con Rod Stewart para dos de sus tres American Songbooks. Siempre cambio. Para mí eso es lo que lo hace interesante, no importa el estilo mientras que sea bueno.

-En tu disco también tenés la última participación de los Ratones Paranoícos como grupo.
-Me alegra que el público pueda recordar eso. Escribí esa canción después de mi primera visita al país en 1997, cuando Juanse me invitó para tocar en su disco Expresso Bongo, en un teatro por Cabildo y Monroe que no está más. Entonces cuando vine en 2009, reconecté con Juanse y empecé a tocar con los Ratones nuevamente. El primer show fue con Kiss en el estadio de River Plate, así que ellos querían que produjera su próximo disco. Una lástima que después empezaran a tener problemas: no de manera humana, sino en cómo los manejaban desde arriba. Un fucking quilombo. En el medio escribí “Yo también”, que hubiera sido un buen single para ellos. La letra original era muy al estilo Ramones, muy estúpida, simple. “Eh, vamos de joda”, “Tomemos vino en la playa hasta el amanecer”, muy de ese estilo. Tiempo después le di la canción a Juanse y le pedí que cambie la letra. La devolución fue monstruosa. Sus letras eran muy tristes: “Si cuando te despertás a la mañana, ves que tu barrio es una mierda. ¿Es eso lo que ves? ¡Yo también!”. Entonces yo reescribí mi parte e intenté que no todo sea tan negativo, sino una mezcla de luz y oscuridad. Para el final del verano de 2011 los pude meter  en el Estudio Panda y la hicimos en un par de horas.

-¿Esos ya eran tiempos difíciles para los Ratones?
-No, empezaron inmediatamente después de eso. Tal vez haya sido mi culpa… pero no lo creo (risas). No me gusta hablar de sus vidas privadas.

-Una lástima…
-La verdad que sí porque me hubiera encantado poder grabar y producir un nuevo disco con ellos. El tiempo que pasamos juntos fue realmente mágico.

-¿Crees que haya una banda argentina que pueda reemplazarlos?
-Seguro. Creo que cuando algo es grandioso, es grandioso. Nadie podría comparar a Picasso con Usher porque ambos son fantásticos. Los Ratones son fantásticos, ya sea con el Zorrito o con Pablo. En este país aman tanto a The Rolling Stones que siempre va a haber una banda que quiera imitarlos.

-Para la historia: también podes decir que reuniste a los últimos héroes del rock chabón, ¿sos consciente de eso?
-Una de las mejores cosas que me pudieron pasar desde que llegué al país es que todos esos tipos quisieran conocerme. Y mejor aún, tocar. Ciro, Juanse, Facundo Soto de Guasones. A muchos de ellos los conocí a través de Alvaro Villagra, el ingeniero de sonido que trabajó con Pappo, entre otros. A otro que intenté tener es a Charly (García), pero no es tan fácil conectar con él. Cada vez que nos encontramos en un lugar charlamos de cosas muy divertidas, y llega un punto en que nos comprometemos: “Está bien, a las cinco en el estudio”. Pero esas cosas no suceden tan fácilmente (risas). Luis Alberto Spinetta iba a estar supuestamente en el disco pero bueno, pasó lo inesperado. Veníamos hablando meses sobre esto; yo moría de ganas y él también. “¿Qué te parece la próxima semana?”, le decía yo. “Uy, voy a estar en Los Ángeles”, contestaba él, y así un centenar de veces. Seis meses después llamó para contarme la noticia terrible que le habían dado los doctores. Me lastimó muchísimo. Igualmente estoy contento de que en el disco esté Valentino, su hijo, que es igual a él: un gran, gran tipo. Expira la misma energía, al igual que Dante. Estas fueron sólo algunas de las personas que conocí en este tiempo, y tengo que agradecerle a Mick Jagger, creo (risas). Ya pasaron veinte años desde que grabé Wandering Spirit (1993) con él, y la gente me sigue recordando como “el guitarrista de Mick Jagger”.

-¿Te molesta que la gente te pregunte acerca de él?
-No me causa ningún problema. Depende mucho del tipo de preguntas que sean: si van a ser específicas sobre las canciones o algún show voy a estar contento de responder, pero si dicen “¿tienes algún recuerdo en especial de tus días con Jagger?”, no. Eso no.

Jimmy posa de manera gentil para algunas fotos. Va a ser el único momento en que deje el sombrero a un lado y permita ver sus ojos celestes. “Oh, es muy linda. Mi novia me molesta con que no sonrío demasiado, se la pienso mostrar”, cuenta. Pero rápidamente vuelve a su personaje de fugitivo. Aploma el sombrero, toma sus lentes y cruza nuevamente los brazos.

-¿Para qué son esos dos pesos que llevas en el sombrero?
-Una ofrenda para los aliens del espacio. Espero que no me lleven.

Publicada en Revista El Bondi
Fotos: Anabella Reggiani (www.anabellareggiani.com.ar)

lunes, 14 de enero de 2013

The Skatalites: pequeñas anécdotas sobre las instituciones


A cincuenta años de la independencia de Jamaica, el grupo emblema del ska pasó por la Argentina. Un recorrido histórico por los comienzos y su influencia en la ex colonia britanica . Una entrevista exclusiva a Doreen Schaffer, vocalista de la agrupación desde sus comienzos.


Por Francisco Andrés Anselmi*


El grupo pasó por Capital Federal pero también visitó Santa Fe y Tucumán.
 Hace 50 años, el surgimiento del ska coincidió con la independencia de Jamaica. Despegándose poco a poco de la influencia de Gran Bretaña, la música se apoderó de las calles, y para el 6 de agosto de 1962 , el género se convirtió en la banda de sonido de un pueblo libre. Para esa nueva étapa, lo que necesitaban los ciudadanos jamaiquinos era melodías positivas y propias que pudieran desplazar a los standards del jazz y el rhytmn & blues que dominaban los soundsystems desde principios de la década del '50. Uno de sus mayores exponentes -y de los primeros-, The Skatalites, supo llevarlo adelante durante un tiempo, pero luego se separaron. Sin embargo, como el ave fenix, resucitó veinte años más tarde, y se convirtió en uno de los mayores exponentes de un país que cambió la manera de pensar la música en todo el mundo. Los fetejos de Skatalites son por doble: medio siglo de la inependencia británica y medio siglo de su primer concierto.

Antes de la revolución 


 Lejos de la felicidad y el positivismo, el género ska empezó como un negocio. Para mitad de la década del 50’, los soundsystems eran el difusor más potente de música que tenía la isla. Estos eran unos camiones que cargaban un equipo de parlantes capaces de reproducir música a un volumen exorbitante. La clase media, al ser en su mayoría pobre, se juntaba en las esquinas y plazas para escuchar los últimos hits provenientes de Estados Unidos, en especial los artistas de rhytmn & blues de Nueva Orleans, como Fats Domino, Jelly Roll Morton, Jack Dupree y Professor Longhair. 

 Con el éxito paulatino de estas discotecas ambulantes, el pueblo encontró una manera de vivir. Como si fuera una suerte de peña, todas las noches se juntaban alrededor de dos mil o tres mil personas, y la gente armó sus propias ventas de comida y bebidas alcohólicas. Pero quien en verdad se veían beneficiados eran los productores detrás de los soundsystem, quienes muy pronto vislumbraron la industria que estaba naciendo.

 Para finales de la década del '50, ya resaltaban dos dj’s, Duke Reid y Clement “Coxson” Dodd. Sin ánimo de vender discos, ellos contrataban a las bandas de jazz que tocaban en hoteles para grabar versiones jamaiquinas de los clásicos de rhytmn & blues estadounidenses. Así, ganaban la exclusividad de la música, para después reproducirla en sus propios soundsystem. Por ese tiempo, Jamaica empezaba a definir el sonido que la distinguiría dentor de América y el mundo: el ska.  

Después de la revolución 


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 El 5 de agosto de 1962, Jamaica dejó de ser una colonia inglesa. Y con la independencia, también llegó la prosperidad económica. La población empezó a comprar tocadiscos para escuchar las canciones de ska que escuchaba en la calle. Ansiosos de lucrar en este nuevo mercado, los propietarios de los soundsystem analizaron la posibilidad de reinvertir su dinero en estudios de grabación.  

Red y Coxson fundaron, respectivamente, Treasure Isle y Studio One, el primer estudio jamaiquino en manos de un negro. Los grandes artistas de la época salían de ese sello, y la inmensa mayoría tenía una banda soporte de sesionistas, que grababa todos los instrumentos: The Skatalites. 

Entrevista

Doreen Schaffer: "Los medios de comunicación exageran sobre lo que puede hacer una persona drogada"



Integrada por sólo un miembro original, el saxo alto Lester Sterling, The Skatalites versión 2012 se presentó en Argentina, Capital Federal, en el Teatro Vorterix y después en provincias del interior como Rosario, Santa Fe y Tucumán. Para 1964, el grupo tenía cuatro cantantes, entre ellos la vocalista Doreen Schaffer, quien hoy en día, rondando los 70 años, todavía acompaña al grupo en sus giras. Antes de presentarse en el teatro de Mario Pergolini, la vocalista aceptó hablar acerca del presente histórico del ska y su escena mundial.


-¿Se consideran los creadores del ska?

-No hay duda de que fue así. El ska lo creamos nosotros, y el ritmo lo impuso Lloyd Brevett, quien falleció en marzo de 2012, junto a los muchachos. No creo que nunca pueda haber una banda tan grande como lo fuimos nosotros.

-A cincuenta años de su creación, ¿qué representa la cultura ska?
-Con el paso de los años es evidente que ha cambiado su foco de acción. En un principio lo tomábamos como una diversión, como una manera de liberarnos de las penas. Con el paso de los años, y la llegada del reggae, el ska mutó su manera de ver las cosas: es mucho más contestatario. Hoy en día lo tomo como un ritmo que transmite paz y tranquilidad pero también es una manera de liberarnos de los modos opresivos con los que nos intentan gobernar diariamente. 

-Argentina está transitando una especie de revival del estilo, ¿sucede lo mismo en el resto del mundo?
-Es algo que está pasando no sólo en Argentina, sino en toda Sudamérica. Tiene más fuerza aquí porque son territorios que han sido muy golpeados con anterioridad. Al ser una música que transmite felicidad, alegría, creo que eso se contagia y se pega en la gente como lo que es: sonidos transmisores de felicidad.

-En nuestro país se está discutiendo la legalización de la marihuana. ¿Qué opina al respecto?
-Claro que voy a abonar por la libertad de todas las personas, pero no sabría decirte con exactitud porque no sé con exactitud cuáles son sus efectos. Aunque provengo de estos estilos, muy relacionados con el consumo de la marihuana, la verdad es que nunca la he probado. No la necesito. Creo que los medios de comunicación exageran sobre lo que puede hacer una persona drogada, y lo maximizan hasta dar terror, cuando deberían darle más importancia a otras situaciones que son más nocivas para la humanidad.

-A su criterio, ¿cuáles son las mejores agrupaciones de ska en Jamaica y en el resto del mundo?
-No estoy muy adentrada en el tema pero siempre escucho buenos sonidos alrededor de todo el mundo. La música se trata acerca de ser honesto con uno mismo, y para consiguiente con el público en general. En estos años he trabajado con muchas, muchas bandas a lo largo y ancho de la estratósfera. Sería muy injusto mencionar alguna. Pero también lo sería no mencionar a los argentinos de Hugo Lobo y Dancing Mood. 

¿Cuál es el significado de “ska”? 

Hay tantas versiones como significados. Pero sólo hay dos, que son los más difundidos. El primero fundamenta acerca del sonido de la guitarra al rasgarla: “Ska, ska, ska”, que adoptaron los productores para explicarle a los músicos cuál era el sonido que querían sacar en las grabaciones. La segunda es gracias a la unión del nombre del amigo de The Skatalites, el bajista Cluet Skavoovie Johnson, quien fue uno de los que también les dio el nombre a la banda. Ellos planeaban llamarse The Satellites, pero al tocar ska, no tuvieron mejor idea que llamarse  tal cual se hiucieron conocidos en el mundo entero.

*Publicada en Músicas del Mundo número siete
Foto: Gentileza prensa

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Round duro contra una puta enfermedad



Campera de cuero roja, anteojos de sol y una pose de galán inquebrantable, Sergio Maravilla Martínez tiene tal seguridad sobre sí mismo que nadie podría pensar que, minutos después, la timidez lo invadiría por completo. Con Pablo Sarmiento, su entrenador, a un lado, se encuentra frente al público con el que se siente más cómodo: la prensa. El púgil comparte la mesa y la ocasión con Martin Murray, el retador contra el que peleará el 27 de abril, y varios funcionarios nacionales. La presentación de la pelea con la que pondrá en juego su título mundial de la CMB no lo atemoriza. Pero alguien irrumpe la cronología de la conferencia y le descoloca su sonrisa. 

-Pensábamos hacerlo después -dice Horacio Cabak, el presentador del evento- pero es mejor ahora. ‘Maravilla’ va a dar unas palabras acerca de un acto a beneficio que hizo con mucho amor.

Con voz trémula e inquietante, Maravilla mira el centro del salón, se levanta de su silla e intenta esbozar unas palabras. No puede. Finalmente se repone, divisa a los integrantes del grupo Luna Nueva, apunta al frente, a los flashes de las cámaras, e intenta componer una oración coherente de una idea de la que parece estar muy seguro.

-Les voy a hablar de una enfermedad muy puta -dice Martínez.  Pensaba hacerlo detrás de cámara, pero los que saben me insistieron en que lo haga de manera pública. Para que los demás puedan copiar esta acción.

Meses atrás, a Martínez le llegó un video en el que un grupo de mujeres con cáncer cuentan su historia de vida. Emocionado con la situación, decidió colaborar económicamente para ayudar con sus comedores y tratamientos. Para este momento, muchas ya murieron.

Entre analogías pugilísticas de autorreferencia, el boxeador intenta dar lecciones de vida. “En el último round de la pelea con Chavez Jr. (N. del A: Fue en septiembre y Martínez ganó) caí bien caído. Pero me levanté y seguí luchando durante el último minuto y medio”, -dice-, “a veces ese minuto y medio valen toda una vida, por eso no hay que aflojar nunca.”

En representación de la fundación, Verónica Escobar, de más de 50 años, sube al escenario para recibir un cheque simbólico por 250 mil pesos. Lo abraza a Sergio como si se aferrara a una última cura. Lo besa, le da las gracias, y vuelve a su asiento. “Ahora sí, vamos a dar comienzo a las preguntas de los periodistas”, anuncia Cabak.

La habitación se llena rápidamente de murmullos. Tantos que la mujer pasa al olvido en instantes. Ubicada atrás en la audiencia, más cerca de los camarógrafos y de los baños que del escenario principal, ella seca con el puño derecho las lágrimas, se apoya en sus dos compañeras y a una le susurra al oído: “Ahora sí estamos a un paso más cerca de ganarle a esta puta enfermedad”.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Agapornis: el nuevo sonido de la clase media

En poco tiempo lanzarán su nuevo disco, que tendrá sus propias canciones. 


Nacieron hace dos años como un pasatiempo para matar el tiempo libre entre las giras de Rugby. Su relación con la fama a una edad temprana. El 7 encabezarán el primer festival de cumbia masivo de la Argentina.

Todo empezó como un pasatiempo. En 2010, en medio de una gira deportiva por Sudáfrica, un 
grupo de amigos de La Plata Rugby Club llevó para entretenerse en sus tiempos libres una guitarra criolla, un güiro y un sapito. El repertorio que tenía más éxito estaba compuesto por clásicos versionados en ritmo de cumbia. Al volver, decidieron profesionalizarse. Juntaron a sus conocidos para armar una banda y salir a tocar por la ciudad; le dieron el nombre de Agapornis. Sólo dos años después, este grupo de veinteañeros va a encabezar el primer festival de cumbia masivo de la Argentina en el estadio de GEBA -con capacidad para más de veinte mil personas-,  donde presentarán su primer disco “Volando con ritmo”, respaldados por una de las discográficas más importantes del país.

-¿Qué se siente estar presente en todas las casas de la Argentina? Digamos que los chicos escuchan sus canciones antes de salir, y también las pasan en
la mayoría de los boliches de moda.
Leandro Zingale: -La verdad es que no deja de sorprendernos. Tenemos muchos conocidos que viajan por el mundo, y nos contaron que nuestras canciones suenan en Brasil, Estados Unidos y hasta en España. Al principio eran amigos que llevaban la música pero después nos enteramos que ya eran terceros los que las cantaban. Un flash increíble.

-¿Cuándo se dieron cuenta de que la estaban pegando?
Juan Martín Garriga: -A principios de este año. Antes del verano habíamos grabado el cover de Persiana Americana y Si te vas, y lo subimos al Facebook. Y a partir de eso fue cuando empezamos a recibir mensajes de todos lados que nos decían que las canciones estaban sonando a full. Encima no tocamos en ningún lado en esos tres meses. Cuando pasó esto, organizamos un evento en La Plata y explotó. La gente estaba como loca con los temas.
L.Z: -Ahí nos cayó la ficha y empezamos a grabar nuevas canciones que al poco tiempo también la pegaron. Salimos en Telenoche, en La cocina del show y en Fútbol para Todos, y ahí como que todo empezó a tomar una magnitud más importante. Nos propusieron hacer un anfiteatro gigante en Córdoba para siete mil personas y cuando llegamos nos enteramos que estaba todo lleno y había quedado gente afuera.






Agustín Cairo, gúiro; Juan Martín Garriga, Guitarra y voz; Juan Pérsico, octapad; Belen Condomi Alcorta, voz;  Juan Cruz Costabel, teclados;  Gonzalo Mendes, guitarra; Santiago Etcharte, timbales; Leandro Zingale, bajo.

-¿Cómo era su vida antes de ser ‘famosos’?
J.M.G: -No muy diferente. No es que no estamos dedicados, pero la mayoría sigue con su laburo o estudio. Lo único que notamos es que ahora no entrenamos, ya no jugamos más al rugby. Por una cuestión de tiempo, dedicamos el poco tiempo libre que tenemos a ensayar.

-Cada uno trabaja o estudia por su parte, además de la banda.
J.M.G: -Ninguno decidió dedicarse de lleno a la música porque esto se dio por casualidad y estamos dejando todo ahora, pero nunca tuvimos como objetivo llegar a poder vivir de la música. Hemos llegado a rechazar fechas porque es el cumpleaños de un amigo nuestro. Queremos disfrutarlo, no queremos decir ‘uy, qué fiaca, tenemos que ir a tocar’. Y creemos que la gente se da cuenta de esto. Saben que somos pibes como ellos, que hacemos esto sólo porque nos gusta.  

-¿Y la gente los reconoce por la calle?

Santiago Echarte: -En Capital Federal no nos pasa tanto pero en La Plata sí. Capaz que estamos caminando por la calle, o cuando estamos en grupo, y nos saludan. Por suerte son todos muy respetuosos en cuanto a eso y saben comportarse para no incomodarte. El otro día nos pasó en la fiesta de una revista que hasta los famosos nos pedían fotos. Soffritti, Peter Alfonso o Peter Lanzani son algunos. Hay como una reacción por parte de la gente pero todavía no nos cae la ficha..

-¿Cómo se sienten frente a esta situación del reconocimiento y de empezar a ir a algunos eventos que antes no estaban acostumbrados?
Agustín Cairo: -Está muy bueno. Claro que es una experiencia nueva que no se da normalmente. Ir a un evento en el que están las personas famosas que a todo el mundo le gustaría conocer.

J.M.G: No nos sentimos famosos, somos más bien espectadores. Llegamos a un evento no desde su perspectiva, sino desde la nuestra, de pibes que no tienen nada qeu ver con ese mundo. Si nos ves a nosotros ahí no es que estamos todos serios, sino en la nuestra. Chusmeamos las cosas que pueden pasar ahí o por ejemplo hablamos de chicas... ‘Che, mirala a esa famosa...”

-¿Qué chicas les llamaron la atención?
S.E: -La “niña” Loly, la Sueca, Sabrina Rojas, Araceli González, Alejandra Maglietti estaban en esa fiesta, por ejemplo.

-¿Y qué piensan de su reconocimiento? ¿Va a ser algo efímero o va a durar en el tiempo?J.M: -Nosotros lo disfrutamos. Si durá de acá al verano, durará eso. Como no buscamos vivir de esto, hasta donde llegue va a estar bien. Aunque se dé creo que no vamos a dedicar toda la vida a ser músicos. Quieras o no, hoy en día, esto es un fenómeno. Ahora estamos en la cresta y aprovechamos al máximo todo lo que nos está pasando.

-¿Y por qué razón creen que tuvieron tanta repercusión?
S.E: -Indudablemente lo nuestro es una moda. Creo que venimos a llenar un espacio que había dejado vacante la cumbia villera hace algunos años. Lo nuestro no es algo revelador, algo que no se haya hecho. Lo hacen Los del Fuego hace más de veinte años, pero tal vez, nuestra ventaja, fue haberlo llevado a otro tipo de público, que tal vez no es el que frecuenta las bailantas, pero que sí le gusta nuestras canciones. Por supuesto que tuvimos problemas con los rockeros más ortodoxos al mostrarle nuestro cover de Persiana Americana, de Soda Stereo. Pero en general son buenas las respuestas. Somos conscientes de que esto puede durar hasta mañana, pero nos concentramos en disfrutar el momento, al mismo tiempo que terminamos nuestras carreras universitarias.


-Ahora que se pasan las semanas de provincia en provincia, ¿cambió en algo la convivencia?
J.M.G: -Para nada. Por lo general es muy buena. Nos conocemos de hace más de 10 años y sabemos lo que a uno le molesta y lo que no. Por suerte estamos todos muy en la misma, en divertirnos, y eso nos ayuda a tirar para el mismo lado. No voy a decir que no tenemos peleas, pero son peleas momentáneas nada más.  

-¿Y al estar Belén en el medio?
-Ella es como nuestra hermanita más chica. Claro que con ella nos cuidamos, pero igualmente al estar su novio Gonzalo en la banda, también se siente más contenida (Ver recuadro). A veces le ofrecemos, cuando se puede, que traiga alguna amiga a la gira como para que esté más cómoda, pero por ahora nunca se quejó.

-¿Cómo se preparan para el show de GEBA? Tal vez uno de los más importantes de su corta carrera.

S.E: -Por ahora muy nerviosos. La idea es un festival gigante que empiece temprano, tipo 9,10, con cinco carpas de los mejores boliches de Argentina y muchas bandas que animen la noche. La idea es que sea un festival gigante, no de Agapornis, sino que Agapornis sólo toca en un momento de la noche.

-Tienen un nombre raro, ¿por qué Agapornis? A.C: -Lo elegimos en marzo de 2011, cuando todavía estábamos en verano. Un día en la pileta, me acuerdo que discutíamos qué nombre ponerle a la banda y aparecí con mi pajaro Tuqui colgado del hombro. La cuestión es que el loro era de una raza llamada Agapornis, que vive siempre en pareja. Son de alguna manera inseparables. Y nos gustó mucho ese símbolo que representa. Tal vez signifique que nosotros, como grupo de amigos, también somos inseparables. .


*Publicada con edición en Revista Popstar 63.
Fotos: Gentileza Sony Music.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Eruca Sativa: Tiempo de activar el corazón



El trío presentó su tercer disco “Blanco” en el Teatro Vorterix e inició los festejos tras cinco años de trayectoria.

Hay una sensación térmica de treinta grados, y el público no quiere hacer otra cosa más que saltar. Como si fuera la barra brava en la cancha de fútbol, los cantos y respiros de los asistentes al show de Eruca Sativa en el Teatro Vorterix los dominan los “Salpicando Libertad”, la agrupación de los fanáticos más embelesados con la banda. Y, desde arriba del escenario, el trío no hace otra cosa más que caldear esos ánimos mientras toca un clásico, “Desátalo”. Pero el calor, ni el hecho que el aire acondicionado no funcione, van a opacar la fiesta por la presentación de Blanco, su tercer disco, que salió a las calles esta semana.

El grupo inició el camino hace cinco años;  tiempo necesario para lanzar tres discos –o una trilogía como intentan resaltar ellos- que cautivaron tanto a su público como a los siempre agnósticos críticos especializados, que vieron en ellas la oportunidad de una renovación en el, según ellas, “mal llamado under nacional”. Y, más rápido que lo normal,  ganaron un espacio a fuerza de trabajo y sudor, que desembocó este año en la oportunidad de hacer dos Vorterix, telonear para Slash y firmar para Sony, entre otros pequeños placeres. 

El trío abrió el telón pasadas las 21, con su caballito de batalla “Fuera o más allá”, el primer sencillo de su nueva producción discográfica. Un riff punzante con una rítmica imparable, sumado a la voz estridente de Lula Bertoldi, no aparentan ser ninguna novedad; sin embargo, en los pequeños detalles está la diferencia. Bertoldi supo reinventarse para manejar de una manear más eficaz sus dos herramientas, la guitarra y la voz. Incluso, la bajista Brenda Martin, parece haber economizado aún más sus líneas de bajo en pos de la canción. Mientras tanto, la base donde se apoya la música, el baterista Gabriel Pedernera mantiene la dosis de ritmo, fuerza y encanto necesaria de acuerdo a lo que requiera el momento.

Sólo uno de los dos invitados del disco pudo estar en el show. El guitarrista cordobés Titi Rivarola hizo presencia de su virtuosidad para Amor ausente, un viejo cover de Tórax -la banda que anteriormente integraban Martin y Pedernera- y en los fills y solo de Desátalo. Una lástima que Fito Paez, no haya podido estar y hayan tenido que reemplazar sus voces y teclados por grabaciones en Guitarras de Cartón, tal vez uno de los puntos más altos del show y el disco, en el que el trío se permite jugar con nuevos matices y melodías que ciertamente les sienta muy bien. 

Tras una hora y media, el grupo concluyó con Magoo, de su segunda placa ES y último video de difusión, que podría resumir a las claras lo que es Eruca Sativa: potencia en virtud de la canción. “Y cuando te des vuelta, yo voy a seguir estando acá”, dice Bertoldi, antes de que Martin azote el bajo y Pederna diluya la canción hacia el fade out 

*Publicada en El Bondi
*Fotos por Anabella Reggiani (www.anabellareggiani.com.ar)

lunes, 29 de octubre de 2012

Gay Talese: las buenas historias nunca mueren



Talese en "El Búnker", su oficina de Nueva York. 
La vieja escuela de periodismo no habla de artículos, sino de historias. Para ésta, las notas de un diario no retratan una situación efímera, circunstancial. Cada una está destinada a quedar para la posteridad como una pieza de arte, no como una simple respuesta a las preguntas generadas a diario. El asesinato de Kennedy, la Masacre de Ezeiza o la Tragedia de Cromagnon, son hechos que podrían pasar cualquier día y en cualquier momento.  Y pueden ser contados de mil maneras diferentes.

Pero existe un problema: el mercado ha cambiado radicalmente. A diferencia de hace 50 años, los consumidores de noticias, como el hombre que viaja en el transporte público o que escucha la radio por la mañana, sólo busca informarse. ¿Cómo? Con las respuestas a las seis preguntas esenciales: qué, quién, cómo, cuándo, dónde, y por qué. 

A contraposición de esta idea, existe un grupo de personas que se muestran a sí mismos como artesanos. Uno de ellos es Gay Talese. Este estadounidense de 83 años es uno de los fundadores del Nuevo Periodismo, aquel estilo que propuso salir de los estándares que lideraban los principales tabloides de noticias a finales de los 50. Durante una entrevista de 2010 le preguntaron qué habilidades debe desarrollar un periodista en el siglo XXI. Él respondió:

"Ante todo, deben desarrollar un gran sentido de la historia. Ser capaces de dramatizar. Hacer que el lector vea y sienta. Todo lo que es importante y relevante (por ejemplo, la salud pública, o la guerra) debe ser contado en forma de historia. Hoy muchos periodistas están imbuidos en sus computadoras , se están aislando con la tecnología. No deberían estar todo el día sentados frente a una pantalla, sino afuera, descubriendo cosas de primera mano. Deben tener un sentido innato de la curiosidad y ser gente automotivada. Deben ser exploradores, buscadores solitarios de grandes historias que contar. Historias que valgan oro; deben ser mineros e ir a lugares y cavar en ese material, y después pulirlo para hacer una joya, arte. El arte de la realidad. Es la manera de seguir en el negocio: crear algo hermoso. La gente quiere calidad. Aunque sean pobres, si pueden optar por algo muy bien hecho y valioso, lo elegirán. Nadie quiere los hechos contados rápido sino la verdad. Y los diarios les pueden dar la verdad y de una manera atractiva e interesante, contando una historia. Creo que el mercado apoyará eso, porque las buenas historias nunca mueren."


sábado, 27 de octubre de 2012

The Strokes: el bueno, el malo y el feo


Todo empezó, como muchas situaciones e ideas, después de una charla con mi amigo Julián Colla, guitarrista de Trepadores a Pedal. Él siempre me dijo que una de las crónicas que más le habían gustado de las que escribí fue la de The Strokes en GEBA, cuando tocaron en el Personal Fest 2011, que publiqué en la revista El Bondi. A lo que respondí, con el autoestima suficientemente abajo: "No lo creo ni loco". Pero la leí de vuelta y me gustó, cosa que no me pasa muy seguido cuando repaso en retrospectiva los laburos anteriores.

La nota en cuestión:

De todas las épocas y para todos los colores. La segunda fecha del Personal Fest 2011 contó con invitados internacionales de todo el espectro del Atlántico Norte, donde lo viejo y lo nuevo convivieron en los cuatro escenarios que el gran predio de GEBA les tenía preparado. 

Albert Hammond Jr., guitarrista de The Strokes, uno de los protagonistas de la noche.
El guitarrista Albert Hammond Jr. está repasando frenéticamente todo  el mástil de su guitarra de a octavas, mientras que, del otro extremo del escenario, Nikolai Fraiture empieza a golpear su bajo en seis notas que sirven de puente para el frenético estribillo: la segunda guitarra de Nick Valensi incrementa la sensación de demencia para que Julian Casablancas desencadene con su áspera voz una conversación entre los dos costados de su mente, la racional y la instintiva, animal. Suena Reptilia y los ejecutantes forman The Strokes, cinco neoyorquinos que sólo necesitaron aferrarse a un único instrumento durante hora y media para irradiar su energía  punk, rockera y juvenil ante las cuarenta mil personas que asistieron a la segunda fecha del Personal Fest 2011 en el estadio de G.E.B.A

“Pilotos, pilotos”, dicen los oportunistas vendedores aledaños al recinto; es viernes y llueve como si fuera  la última vez que lo fuera a hacer. Los jóvenes corren y se apuran por entrar mientras suenan de fondo los ingleses White Lies, que están presentando su segundo disco en el escenario principal. Sin embargo, la mayoría de los asistentes están disfrutando stands ubicados en la pasarela de ingreso: kioskos, puestos de comida, juegos de la multinacional celular, e, incluso, un apático centro para reclutar empleados –el menos concurrido de la noche-. 

Diferente ingeniería, la misma arrogancia. Antes de subir al escenario, Liam Gallagher debe haber recordado su última visita al país en 2009, cuando todavía integraba una de las piezas fundacionales del britpop, Oasis, y se presentó ante un multitudinario público en el Monumental de Nuñez.  Minutos después de que Goldfrapp completara su setlist, comienza a sonar un clásico de The Stone Roses, I’m The Resurrection, tal vez una chiquilinada a modo de provocación o una demostración de que sin su hermano mayor, el guitarrista Noel Gallagher–quien dejo la banda en 2009 debido al interminable conflicto familiar-, él todavía puede hacer música. Hoy, líder de Beady Eye, y ya sin su hermano Noel, el mayor de los Gallagher parece haber olvidado la formula que los llevó a liderar las listas mundiales con (What’s The Story) Morning Glory o Definitely Maybe. Liam enbandera una causa musical que no le pertenece: un rock crudo y baladas sin melodías que no encaja de ninguna manera a su estilo ni sus veinte años de trayectoria. 

Dejando de lado las leyes de copyright que pudieron intervenir para que esta noche no sonaran clásicos de Oasis, Liam parece creer firmemente en su proyecto: está decidido a no tocar canciones de Oasis –ni siquiera sus composiciones melosas biacordales como Songbird-  sino a llenar cada espacio de su lista con las de su propia autoría e, incluso, un cover de los ingleses World of Twist, Sons of the Stage. Empujado por las gráficas reflejadas en las pantallas del escenario –que oscilaban entre apariciones de comics de los setenta y una gráfica peronista berreta- , el show tuvo algunas excepciones como el single The Roller, que recuerda a la simpática Some Might Say –Morning Glory (94)- o a las baladas gancheras de su hermano en The Beat Goes On –“En alguna parte de mi corazón la música sigue sonando”, canta entre acordes alegres con la frente llena de orgullo-. En un acto de demagogia –cosa que nunca necesitó y tampoco hizo-, Liam terminó con una bandera de Argentina entre sus hombros y agradeciéndole por los jugadores que le cede al Manchester City –el equipo de la Premier League del cual los dos hermanos son reconocidos fanáticos-.

Para el momento en que sonó el último acorde, la multitud del campo Vip ya se estaba trasladando del escenario Motorola hacia el Personal, el principal. “Dale, putos, muévanse”, gritaron tres adolescentes del campo general, a lo que una chica se sintió aludida y contestó entre risas irónicas: “Pobre, quedate ahí que los vas a ver cerquita”. Con el ánimo caldeado, el trío recordó que están detrás de la valla de trescientos pesos que los separa de la élite de esa noche, los del cómodo campo vip. 

Veinte minutos después de las 23, y con la lluvia ya erradicada de los cielos,  The Strokes sale a escena a presentar Angles, su cuarta placa discográfica y leitmotiv principal en su segunda visita al país. La energía post punk del riff de New York City Cops inaugura el último número de la noche, con un Julian Casablancas que se mantiene enérgico, sútil demagógicamente y errático por momentos.  

En estos seis años que separan la primera visita de la banda al país –el festival BUE en 2005-, la banda editó dos discos –First Impressions of the Earth y el inefable Angles-, se separó e, incluso, los rumores indican que no se encuentra en uno de sus mejores momentos. No obstante, esto no se ve reflejado en el escenario; la dupla Hammond-Valensi funciona al cien por ciento en la creación y coordinación de riffs y texturas de las canciones nuevas como Machu Picchu, You’ re so Right, Gratisfaction o clásicos como Heart in a Cage, Juicebox o 12:51.

Las escasas interacciones de Casablancas con el público son para agradecer la noche que les ha tocado, retribuir con un Thank you las reiteradas confesiones de I Love You de las femeninas o agradecer el aguante de los argentinos. El cantante quedó visiblemente emocionado cuando la gente coreó el solo de Last Nite y aseguró que “esta es una noche que nunca olvidaremos, no es fácil encontrar gente que cante hasta los solos”. Los locales redoblaron la apuesta: “Olé, olé, ole, The Strokes, The Strokes”. Argentina 2, Casablancas 0.
Luego de los bises, Julian sentencia el final pidiendo que lo “tomen o lo dejen” –‘Take it or leave it’- y el público se va con sabor a poco, esperando por más. Los fuegos artificiales alumbran la noche porteña mientras la gente va desalojando el predio poco a poco, y Matias Aguayo, el DJ encargado del cierre final, debió pasar música para él y las pocas almas que todavía andaban dando vueltas por ahí.

Con un gran nivel de convocatoria, la segunda fecha del Personal Fest 2011 está en el podio de los festivales del año por su coherencia a la hora de elegir las bandas que integraron la grilla. En hora buena, Argentina está aprendiendo.  Ahora, a por el campo vip.

*Publicada en Revista El Bondi, el 5 de noviembre de 2011.